Si bien aún resta conocerse el dato definitivo de diciembre, prácticamente no hay dudas de que la inflación acumulada de 2025 será la más baja desde 2017. Entre enero y noviembre, los precios subieron 27,9% y las primeras estimaciones privadas para diciembre —como las de EcoGo y Analytica— la ubican entre 2,3% y 2,5%. De confirmarse, la inflación anual rondaría el 31%, por debajo incluso del 36,1% registrado en 2020, el año de la pandemia.
Ese resultado se dio en un contexto de fuerte restricción monetaria, escasez de pesos en la economía, salarios contenidos y un tipo de cambio real apreciado durante buena parte del año. Para 2026, el escenario luce más complejo: los cambios metodológicos y cambiarios podrían ejercer una presión adicional sobre el IPC, aunque el consenso es que el Ejecutivo buscará evitar que esa dinámica se acelere.
Al igual que en 2024, la inflación de 2025 estuvo impulsada principalmente por los servicios, que aumentaron muy por encima de los bienes. Esa dinámica se reflejó con claridad en las divisiones del IPC: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles fue la que mostró el mayor incremento, explicada por los ajustes tarifarios y el aumento de los alquileres.
En el extremo opuesto, las subas más moderadas se observaron en vestimenta y equipamiento del hogar, rubro que incluye bienes durables como electrodomésticos y que estuvo influenciado por la mayor apertura comercial. En tanto, los alimentos —el componente de mayor peso dentro del índice— evolucionaron casi en línea con el promedio general.
Esta divergencia entre bienes y servicios cobra especial relevancia de cara a la modificación metodológica que el INDEC implementará desde comienzos de 2026. El organismo dejará de utilizar como referencia la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares 2004/2005 y pasará a basarse en la correspondiente a 2017/2018, con el objetivo de reflejar patrones de consumo más actuales.
Con la nueva canasta, aumentará el peso de divisiones como vivienda, transporte y comunicaciones, mientras que perderán incidencia alimentos y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas y tabaco, y equipamiento y mantenimiento del hogar. En un contexto donde los servicios continúan subiendo más rápido que los bienes, esto podría derivar en registros mensuales de inflación algo más elevados que los observados en 2025.
Desde el propio Gobierno relativizan el impacto. Fuentes oficiales explicaron que el efecto será acotado y ejemplificaron que “por cada 10 puntos que sube un servicio, el IPC crece aproximadamente 0,1”. Además, aclararon que las variaciones previas a enero de 2026 no se recalcularán, para evitar distorsiones en contratos indexados a la inflación pasada.
En la misma línea, Rocío Bisang, economista de GMA Capital, señaló que el cambio “puede empujar levemente la serie para arriba, aunque de forma marginal”. No obstante, advirtió que, si en 2026 avanzan los recortes de subsidios en energía y transporte, el efecto podría sentirse con mayor intensidad.
A dos años de gestión, el Gobierno ratifica que la baja de la inflación es el objetivo primordial de su programa económico. En la Casa Rosada y en el Ministerio de Economía atribuyen el resultado alcanzado principalmente al fin de la emisión monetaria. Sin embargo, la estrategia no se limitó a herramientas ortodoxas.
La cartera que conduce Luis Caputo también recurrió a mecanismos de intervención cambiaria. Entre noviembre de 2024 y marzo de 2025, el tipo de cambio real se ubicó en niveles mínimos desde fines de 2015. Luego corrigió parcialmente ese atraso, aunque el mercado detectó reiteradas señales de intervención oficial ante episodios de presión alcista, ya sea a través del Tesoro, de acuerdos financieros externos o de medidas transitorias como la eliminación de retenciones.
A esto se sumó el ancla salarial. Con paritarias convalidadas a la baja durante gran parte del año, los salarios reales volvieron a perder terreno. Según datos oficiales, los trabajadores del sector privado ya muestran una caída real del 0,9% desde noviembre de 2023, mientras que en el sector público la pérdida alcanza el 14,4%.
Donde sí aparecen cambios con potencial impacto inflacionario es en la política cambiaria. El Banco Central de la República Argentina anunció que desde el 1° de enero las bandas cambiarias dejarán de ajustarse al 1% mensual y pasarán a indexarse según el último dato de inflación disponible. Además, la autoridad monetaria planea comprar al menos u$s10.000 millones de reservas durante 2026, siempre que la demanda de pesos y la oferta de dólares lo permitan.
En el mercado advierten que esa estrategia podría presionar el techo de la banda si no aparece una oferta suficiente de divisas, ya sea por exportaciones o por la cuenta financiera. En ese escenario, el director de la consultora CP, Pablo Moldovan, considera más probable que el Gobierno priorice la estabilidad cambiaria y la desinflación antes que la acumulación de reservas.
Bisang coincide en que una estrategia creíble de acumulación sostenida de divisas ayudaría a reforzar la consistencia macroeconómica y a alinear expectativas. Pero también alerta que, si se sigue privilegiando la baja de la inflación por sobre la recomposición de reservas, el esquema podría funcionar durante la primera mitad del año —apoyado en los dólares de la cosecha— y volverse mucho más difícil de sostener en la segunda parte de 2026.
Fuente: Ámbito


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