La teoría se expandió en plataformas como TikTok, YouTube y foros digitales, donde internautas alertaron sobre un supuesto parecido entre la criatura creada por el artista hongkonés Kasing Lung y la representación demoníaca de Pazuzu. Con sus grandes ojos, dientes afilados y orejas puntiagudas, Labubu fue rápidamente comparado con esta antigua deidad, conocida en la actualidad por su asociación con lo maligno.
«Yo lo vi y sentí algo raro. Después me apareció un video que decía que era un demonio y no lo dudé más: lo saqué de mi casa», expresó una usuaria en una publicación que superó las cien mil visualizaciones.
Pazuzu es una figura real dentro de la mitología mesopotámica. Era considerado el rey de los demonios del viento y se lo representaba con cuerpo humano, patas de ave, garras, alas, una cabeza monstruosa con cuernos y una cola de escorpión. A pesar de su apariencia temible, no siempre encarnaba el mal.
En la antigüedad, Pazuzu era invocado como una figura protectora frente a otros demonios más peligrosos, en especial contra Lamashtu, a quien se atribuía la causa de abortos espontáneos y enfermedades infantiles. Por esa razón, muchas mujeres embarazadas llevaban amuletos con su imagen como símbolo de resguardo.
Su fama en la cultura contemporánea se consolidó con la película El exorcista (1973), donde aparece como el ente que posee a la niña Regan. Desde entonces, su figura quedó asociada al imaginario demoníaco moderno.
El parecido entre Labubu y Pazuzu, aunque discutido, activó una oleada de comentarios en redes sociales. Algunos usuarios afirmaron que los muñecos podrían tener «energía negativa», mientras que otros los catalogaron directamente como objetos malditos. Incluso se conocieron casos de personas que decidieron quemarlos por temor.
Ni Pop Mart, la empresa que comercializa los muñecos, ni su creador, Kasing Lung, hicieron declaraciones al respecto. El artista ha señalado en otras ocasiones que el personaje forma parte de un universo de cuentos ilustrados con inspiración en el folclore europeo y que su estética busca un equilibrio entre lo extraño y lo adorable.
Expertos en mitología y cultura pop coinciden en que la supuesta relación entre Labubu y Pazuzu es puramente visual y simbólica, sin ningún respaldo histórico ni intención oculta. Algunos medios especializados y sitios de verificación de datos, como Snopes, desestimaron estas teorías como parte de un fenómeno de pánico moral, alimentado por la viralización digital y el desconocimiento cultural.
En definitiva, más allá de su apariencia inusual, Labubu sigue siendo una figura de colección que combina ternura con rareza. El resto parece responder más a una fascinación colectiva con lo oculto que a hechos concretos.
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